El primer púlsar y Jocelyn Bell.

El 28 de noviembre de 1967 En el Observatorio Radioastronómico Mullard de Cambridge, la estudiante de doctorado Jocelyn Bell Burnell (1943-) descubre la primera radioseñal de un púlsar.

jocelyn bellJocelyn Bell Burnell nació en Irlanda del Norte, donde su padre fue arquitecto del planetario Armagh. Disponía de una gran biblioteca, y animó a su hija a leer. Ésta se interesó especialmente por los libros de astronomía.

Más adelante, Bell Burnell asistió a las universidades de Glasgow y Cambridge. En Cambridge, trabajó con Hewish y otros en la construcción de un radiotelescopio para usar los destellos interplanetarios en el estudio de los quásares, que habían sido descubiertos hacía poco (los destellos interplanetarios permiten distinguir fuentes compactas de las distantes).

Luego de terminar su doctorado, Bell Burnell trabajó en la Universidad de Southampton, la University College de Londres y el Royal Observatory en Edimburgo, antes de convertise en Profesora de Física en la Open University durante diez años, y después como profesor visitante en la Universidad de Princeton. Antes de jubilarse, Bell Burnell fue Decana de Ciencias en la Universidad de Bath entre los años 2001 y 2004, y Presidente de la Royal Astronomical Society entre 2002 y 2004. Actualmente es profesor visitante en la Universidad de Oxford.

El 28 de noviembre de 1967 En el Observatorio Radioastronómico Mullard de Cambridge, la estudiante de doctorado Jocelyn Bell Burnell (1943-) descubre la primera radioseñal de un púlsar.

Detectando un pequeño patrón en los registros de las lecturas que se siguió por el cielo con las estrellas, Bell Burnell descrubrió que se trataba de un pulso regular, aproximadamente uno por segundo. Lo denominó temporalmente LGM1 (Little Green Man 1, Hombrecillo verde 1) y finalmente identificó la fuente como una estrella de neutrones de rápida rotación.

jocelyn bell2La señal del primer púlsar detectado tenía un periodo de 1,33730113 s. Este tipo de señales únicamente se puede detectar con un radiotelescopio. De hecho, cuando en julio de 1967 Jocelyn Bell y Antony Hewish detectaron estas señales de radio de corta duración y extremadamente regulares, pensaron que podrían haber establecido contacto con una civilización extraterrestre, por lo que llamaron tentativamente a su fuente LGM (Little Green Men u Hombrecitos verdes). Tras una rápida búsqueda se descubrieron 3 nuevos púlsares que emitían en radio a diferentes frecuencias, por lo que pronto se concluyó que estos objetos debían ser producto de fenómenos naturales. Anthony Hewish recibió en 1974 el Premio Nobel de Física por este descubrimiento y por el desarrollo de su modelo teórico. Jocelyn Bell no recibió condecoración porque sólo era una estudiante de doctorado, aunque fuera ella quien advirtió la primera señal de radio.

A pesar de que no obtuvo el Premio Nobel junto a Hewish por su descubrimiento, sí ha sido galardonada por muchas otras organizaciones. Obtuvo la Medalla Michelson del Instituto Franklin (1973, junto a Hewish). En 1978 le fue entregado el Premio J. Robert Oppenheimer Memorial del Centro de Estudios Teóricos de Miami. También ha recibido el Premio Beatrice M. Tinsley de la Sociedad Astronómica Americana (1987), el Magellanic Premium de la Sociedad Filosófica Americana, el Jansky Lectureship del Observatorio Radioastronómoco Nacional, y la Medalla Herschel de la Royal Astronomical Society (1989). También ha recibido numerosos títulos honoríficos, como el de Comandante de la Orden del Imperio Británico así como Colega de la Royal Society.

Es Presidente de Honor de la Burnell House en la Escuela de Gramática Cambridge, en Ballymena, Irlanda del Norte.

Es miembro de la Religious Society of Friends (cuáqueros) y es Consejera del Instituto Faraday para la Ciencia y la Religión, de la Universidad de Cambridge.

Un púlsar (del acrónimo en inglés de puls[ating st]ar, que significa «estrella que emite radiación muy intensa a intervalos cortos y regulares») es una estrella de neutrones que emite radiación periódica. Los púlsares poseen un intenso campo magnético que induce la emisión de estos pulsos de radiación electromagnética a intervalos regulares relacionados con el periodo de rotación del objeto.

Las estrellas de neutrones pueden girar sobre sí mismas hasta varios cientos de veces por segundo; un punto de su superficie puede estar moviéndose a velocidades de hasta 70 000 km/s. De hecho, las estrellas de neutrones que giran tan rápidamente se expanden en su ecuador debido a esta velocidad vertiginosa. Esto también implica que estas estrellas tengan un tamaño de unos pocos miles de metros, entre 10 y 20 kilómetros, ya que la fuerza centrífuga generada a esta velocidad es enorme y sólo el potente campo gravitatorio de una de estas estrellas (dada su enorme densidad) es capaz de evitar que se despedace.

El efecto combinado de la enorme densidad de estas estrellas con su intensísimo campo magnético (generado por los protones y electrones de la superficie girando alrededor del centro a semejantes velocidades) causa que las partículas que se acercan a la estrella desde el exterior (como, por ejemplo, moléculas de gas o polvo interestelar), se aceleren a velocidades extremas y realicen espirales cerradísimas hacia los polos magnéticos de la estrella. Por ello, los polos magnéticos de una estrella de neutrones son lugares de actividad muy intensa. Emiten chorros de radiación en el rango del radio, rayos X o rayos gamma, como si fueran cañones de radiación electromagnética muy intensa y muy colimada.

jocelyn bell3Por razones aún no muy bien entendidas, los polos magnéticos de muchas estrellas de neutrones no están sobre el eje de rotación. El resultado es que los «cañones de radiación» de los polos magnéticos no apuntan siempre en la misma dirección, sino que rotan con la estrella.
Es posible entonces que, mirando hacia un punto determinado del firmamento, recibamos un «chorro» de rayos X durante un instante. El chorro aparece cuando el polo magnético de la estrella mira hacia la Tierra, deja de apuntarnos una milésima de segundo después debido a la rotación, y aparece de nuevo cuando el mismo polo vuelve a apuntar hacia la Tierra. Lo que percibimos entonces desde ese punto del cielo son pulsos de radiación con un periodo muy exacto, que se repiten una y otra vez (lo que se conoce como «efecto faro») cuando el chorro se orienta hacia nuestro planeta. Por eso, este tipo de estrellas de neutrones «pulsantes» se denominan púlsares (del inglés pulsating star, «estrella pulsante», aunque esta denominación se aplica con más propiedad a otro grupo de estrellas variables). Si la estrella está orientada de manera adecuada, podemos detectarla y analizar su velocidad de rotación. El periodo de la pulsación de estos objetos lógicamente aumenta cuando disminuye su velocidad de rotación. A pesar de ello, algunos púlsares con periodos extremadamente constantes han sido utilizados para calibrar relojes de precisión.

Anuncios

Publicado el 29 noviembre, 2015 en Astrofísica, Astronomía. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: